O un brillo
O una insurrección
O una mano abierta
O una risa incómoda
O el sueño
O la terrible nada
O el silencio y el olvido y la muerte y yo mismo, al final, como una bestia
O un brillo
O una insurrección
O una mano abierta
O una risa incómoda
O el sueño
O la terrible nada
O el silencio y el olvido y la muerte y yo mismo, al final, como una bestia
Si en este momento me pidieran que explicara lo que ha pasado recientemente, me sentiría atrapado por esa falaz gravedad.
En aquella época, un marzo de nueva década donde sólo calor hacía y las gentes andaban preocupadas por unos pares de años más, descubrí que a San José le desaceleraron la historia. Se nos entregó una gran lista con lo irrealizable en este país y lo deshicimos todo. Comenzamos a cruzar calles a mitad de la cuadra, dejamos de subir a los puentes peatonales. Volvimos a contar leyendas, mandamos a la mierda a las máquinas del hombre.
Porque intentamos crear algo que sea palpable, que lleve de boca en boca la historia de un camino. De un gran hogar donde quepan autoexiliados y mendigos. Queremos una ciudad con una anatomía imperfecta, soez, insolente, que deje de ser obsoleta.
Pero más que esto, les pedimos a los enfermos, a los feos, a los grandes, a los pequeños, a los flacos, a todos los que decidimos generar una mutación útil, que ayuden a convertir a San José en una piel desnuda que no le teme al clima y que no piensa en jeringas y miligramos.
Sigo en el delirio y sigo desafinado. Distraído por la fatiga pero igual esperando que en algún lugar haya una placita para cruzarme la cabeza con lo improbable.
¿Cuánto cuesta incluirse entre hermanos y hermanas?
Se opina que es algo simple, pero se crea con faltas ortográficas, con citas mal colocadas y ¿qué pasa si no llegan?
¿Cuál es la parte que más se quiere de estas costumbres celestes?
Ninguna, sobre todo cuando llega la consciencia de vivir con la mano sobre el corazón, ocupada en elegir, señores y señoras, sus juegos con la muerte.
¿Dónde está el mérito en cuestionarse toda forma de confianza?
Digo esto con la poca saliva restante, con unos cuantos sonidos y sin saber dónde me dejará tendido esta crisis.
-Recuerdo que Don Francisco antes era más viejo y que yo creía en las especies animales. Sé que mi cabeza estuvo en su vientre, que yo mismo soy una bestia. Es confuso controlar los números, atar y cavar-
Lo que pasa es que las oportunidades entran bajo tierra y que cada día siento que me creen menos todo lo que digo.
Yo creo en el amor más que en mis ojos
y más que en el poder y el entusiasmo
Porque de tu piel nadie se puede quejar, porque se cumple lo que me promete. Y las perspectivas se cambian en segundos y si un día me empapo de malos humores y me voy de puños a la tristeza, hoy sé que tenemos ventaja, que nada va a cambiar que durmamos en silencio, que nos envolvemos en risa.
Yo sé que existe esa noche dolorosa, que nos maltrataremos más esperando lo inevitable, pero qué bueno es tu amor para espantar el miedo al exilio.
Espalda nocturna, éste es nuestro tiempo
I
Darte una caricia que sea inevitable. Tenderte en el silencio perfecto, encima de tijeras, lápices y algún cenicero boca abajo.
Escucharte mientras la almohada toma tibieza, mientras dibujo una hoguera en tu costado, mientras el mundo se acaba.
II
En esta callecita no existe el caminar apurado. Porque a pesar de que cada noche trae un vuelco en el corazón, un despiste tuyo, otra pasión mía
Cada nuevo beso, vale más que el último.
III
Todavía nos queda llevar una vela de paseo, alucinar en ciudades húmedas, flotar en el escenario oscuro de la muerte.
Dentro de esta lucha de las cuatro estaciones
Te pido que no me perdones nunca la necesidad que tengo
De que esto no termine.