domingo, 16 de mayo de 2010

Expressing love in 1960

Quítame ese humo del pecho, que el tiempo se acaba. Ten cuidado, afuera pasan hombres a caballo y hay una planicie vacía.

Pero susurra, que todo sonido sea bajito. Que con la mano no nos puedan alcanzar aquellos que cazan nuestro tacto inevitable.

Un dos tres, corre desnudo por el segundo piso de madera. Mira lo que alguna vez fue una chimenea y encuentra ese sitio donde nos vimos a los ojos, empapados de saliva, y nadie tuvo que hablar de fútbol.

Poner la cerradura no saca a los fantasmas, mucho menos los deja afuera, pero ¿quién quiere una vida fácil?

No queremos desafiar la ciencia, solo queremos escapar de una sociedad despechada por nuestra libertad.

Ya es la alta hora, calla y escucha. Se busca inquilinos, un dos tres, recuerda lo que se dijo y corre de nuevo a la lluvia de poses.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Crónica sobre el relieve singular de los recuerdos

  • En el Mercado Central de San José encontré raíces, hojas secas y basureros colmados de flores


Si alguna vez tuve la sensación de estar ingresando a un túnel, fue ese día. No era mi intención, pero ahí ya estaba, esperando descubrir el edificio de las entradas en las esquinas. Entré, rodeado de turistas y cámaras y cigarros apagados, todos íbamos vestidos por tallas. De vendedor de tabaco en este mercado a Presidente de la República. Luis Alberto Monge. Así se nos intentó explicar que los de acá, también son hermanos de los de allá.

En los pasillos que algunas veces no terminan y en otras desaparecen, saltan los distintos objetos (algunos entre cachivache y chunche), que son indescifrables para el ojo moderno. No los logra identificar como propios o extraños, no decide si son de uso diario o algún engaño para el turista. Yo mismo no me sentí en las condiciones de preguntar sobre el destino de estos productos, me sentí indigno de este idioma y este color de ojos.

Seguí caminando, y descubriendo esquinas oscuras y acogedoras, memorizando olores, sintiendo la frescura de plantas y frutas, tropezando con el polvoriento olor de los aromas. Así fui comprendiendo las pequeñas verdades del mercado. Acá no se pasean atuendos prefabricados, nadie recibe la inspección de los demás, sólo de Santa Rita o la Divina Misericordia o del santo que usted prefiera llevar a casa tan sólo por 3 mil colones cada uno.

En los puestos se habla un lenguaje en el que sobran comas y faltan puntos. Y se ve como alguien todavía compra caballos de palo y trompos de madera. También existe una dieta carnívora que no concibe cosa distinta.

Por sectores parece una verdadera comunidad que da campo a hombres de arcilla y de polvos, algunos pocos de semillas y los que menos me gustan los hombres pescados y las mujeres que pintan flores.

El día se mezcla con la cordialidad y repasamos el asombro al ver los remedios fantásticos, al ver al Indio Gerónimo y una venta de ojos prefabricados. A veces alguien, solo por el gusto, pasa con una flor.

Lo orgánico salta de las paredes, oscurece el camino pero también lo alivia en este sitio en el que nos perdemos y es gracioso, pero que, ahora que me encuentro acá, creo que me recuerda a mi familia y a navidad.

Si ahora cree que el periodismo se quedó en la casa se lo achaco a la sorpresa, ya que nunca había visto una casa con tantos umbrales y tan pocas puertas. Aquí llamaré las cosas por lo que son, mezcla de canarios o diente de león. Este es un lugar donde se puede comprar un traje de gala y se reparan cosas en oro y plata. Acá siento que en cualquier vuelta me puedo encontrar a mí mismo con 10 años menos o 40 más y espero pronto volver y perderme, saboreando una y otra vez la maravilla de la incertidumbre en el Mercado Central de San José.



martes, 20 de abril de 2010

Un Faro

O un brillo

O una insurrección

O una mano abierta

O una risa incómoda

O el sueño

O la terrible nada

O el silencio y el olvido y la muerte y yo mismo, al final, como una bestia

lunes, 5 de abril de 2010

Gracias a la vida

Si en este momento me pidieran que explicara lo que ha pasado recientemente, me sentiría atrapado por esa falaz gravedad.

En aquella época, un marzo de nueva década donde sólo calor hacía y las gentes andaban preocupadas por unos pares de años más, descubrí que a San José le desaceleraron la historia. Se nos entregó una gran lista con lo irrealizable en este país y lo deshicimos todo. Comenzamos a cruzar calles a mitad de la cuadra, dejamos de subir a los puentes peatonales. Volvimos a contar leyendas, mandamos a la mierda a las máquinas del hombre.

Porque intentamos crear algo que sea palpable, que lleve de boca en boca la historia de un camino. De un gran hogar donde quepan autoexiliados y mendigos. Queremos una ciudad con una anatomía imperfecta, soez, insolente, que deje de ser obsoleta.

Pero más que esto, les pedimos a los enfermos, a los feos, a los grandes, a los pequeños, a los flacos, a todos los que decidimos generar una mutación útil, que ayuden a convertir a San José en una piel desnuda que no le teme al clima y que no piensa en jeringas y miligramos.

martes, 16 de marzo de 2010

Señores y Señoras

Sigo en el delirio y sigo desafinado. Distraído por la fatiga pero igual esperando que en algún lugar haya una placita para cruzarme la cabeza con lo improbable.

¿Cuánto cuesta incluirse entre hermanos y hermanas?

Se opina que es algo simple, pero se crea con faltas ortográficas, con citas mal colocadas y ¿qué pasa si no llegan?

¿Cuál es la parte que más se quiere de estas costumbres celestes?

Ninguna, sobre todo cuando llega la consciencia de vivir con la mano sobre el corazón, ocupada en elegir, señores y señoras, sus juegos con la muerte.

¿Dónde está el mérito en cuestionarse toda forma de confianza?

Digo esto con la poca saliva restante, con unos cuantos sonidos y sin saber dónde me dejará tendido esta crisis.

-Recuerdo que Don Francisco antes era más viejo y que yo creía en las especies animales. Sé que mi cabeza estuvo en su vientre, que yo mismo soy una bestia. Es confuso controlar los números, atar y cavar-

Lo que pasa es que las oportunidades entran bajo tierra y que cada día siento que me creen menos todo lo que digo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Flotas

Yo creo en el amor más que en mis ojos

y más que en el poder y el entusiasmo


Porque de tu piel nadie se puede quejar, porque se cumple lo que me promete. Y las perspectivas se cambian en segundos y si un día me empapo de malos humores y me voy de puños a la tristeza, hoy sé que tenemos ventaja, que nada va a cambiar que durmamos en silencio, que nos envolvemos en risa.

Yo sé que existe esa noche dolorosa, que nos maltrataremos más esperando lo inevitable, pero qué bueno es tu amor para espantar el miedo al exilio.

viernes, 5 de marzo de 2010

Portal

La desesperación sale por las comisuras de la boca, se filtra para desacomodar el acorde de tener una vida y saber qué hacer con ella. La desesperación deletrea un caos que acaricia, que vibra entre estas pestañas y que se refugia en una respiración cada vez más lenta, como quien llena un vacío con lo imposible, que está a mano.

Me toquetea y se efectúa en recuerdos, cae y penetra. Somos consciencias separadas. Ahora la desesperación aparece con cada rostro familiar, por la falta de roce. Esta desesperación es no tener hambre, sobrevivir la asfixia; la desesperación es no conocer otra cosa.